Aunque todos los humanos nacen con deseos de aprender y con ganas de descubrir el mundo que les rodea, las experiencias positivas asociadas al aprendizaje van disminuyendo progresivamente a medida que los niños van ingresando en la escuela. Las experiencias de aprendizaje que en los primeros años eran algo divertido y apasionante se convierten después en unos años en la escuela en experiencias generalmente monótonas, aburridas, e incluso, en ocasiones, desagradables. Por tanto, algo tiene que suceder para que unas personas con deseos de aprender y con gran entusiasmo a la hora de enfrentarse a una tarea, después de un cierto tiempo en nuestras aulas, vayan perdiendo progresivamente esas ganas y deseos de aprender.
Entonces, la pregunta que me planteo es la siguiente, ¿por qué razón un amplio número de alumnos no quieren estudiar o no les interesa para nada lo que se enseña en la escuela? Desde luego, por lo menos una parte de la respuesta a esa pregunta tiene que ver con la escasa utilidad que ven los propios estudiantes a lo que se les enseña. La opinión generalizada es que lo que aprenden en la escuela poco tiene que ver con sus vidas, con sus intereses, con sus preocupaciones y con sus inquietudes. Los conocimientos que se enseñan en la escuela son, en la mayor parte de los casos, muy teóricos, alejados de la realidad y con pocas posibilidades de aplicación en la vida real; y esto tiene graves efectos negativos sobre la motivación.
Por tanto, si queremos estimular en los alumnos el deseo de aprender, lo primero que tenemos que hacer es tratar de relacionar lo que enseñamos en las escuelas con el mundo real, es decir, darle un sentido, un significado y una utilidad a lo que se enseña. Cuanto más aprecien los estudiantes ese vínculo y relación entre la vida real y lo que se enseña en los colegios, más interés tendrán por aprender y mayor satisfacción les producirán esos aprendizajes. También es importante comentar que si queremos lograr que los alumnos comprendan lo que se les enseña, hay que tener siempre presente que el aprendizaje tiene unos límites y unos ritmos; y generalmente, la cantidad es uno de los principales enemigos de la calidad, con lo cual enseñar muchos contenidos suele conducir casi siempre a un aprendizaje no productivo y de baja calidad.
Aparte de los contenidos que se enseñan, está también el problema de cómo se enseñan. En general, los profesores o educadores suelen centrar sus actividades en la transmisión y evaluación de los conocimientos, y en ambos casos siguen vigentes los mismos procedimientos desde hace varias décadas. En estos casos, aunque han cambiado enormemente los medios a través de los cuales las personas pueden descubrir y asimilar información, la transmisión de conocimientos en la escuela sigue siendo prácticamente igual que siempre.
Por otro lado, dado que el centro de interés a nivel educativo ya no es la enseñanza y el profesor, como sucedía antes, sino que es el aprendizaje y el alumno, los principios del aprendizaje deben convertirse en el punto de referencia fundamental que guíe la actividad docente. Todo esto implica modificaciones sustanciales en la forma de enseñar, en las relaciones interpersonales, en la manera de abordar las diferencias individuales entre los alumnos, etc., pero la realidad nos indica que esos cambios aún no se han visto plasmados totalmente dentro de nuestro sistema educativo.
Pero la falta de motivación tiene también otros motivos más allá de los factores del educador y el alumno. Se trata de factores, probablemente más fáciles de enumerar pero mucho más complejos a la hora de intentar actuar sobre ellos. Me refiero a determinantes de tipo cultural, relacionados con cambios importantes que se han producido en nuestra sociedad en los últimos años y que tienen que ver con la forma de vida, las relaciones familiares, las nuevas tecnologías, los valores predominantes, las relaciones interpersonales, etc. Estos factores de naturaleza sociocultural añaden una nueva dimensión a la forma de abordar la falta de motivación de los estudiantes.
Os dejo un enlace que me gusta mucho y me parece muy interesante:
Sir Ken Robinson - hablando de la creatividad
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