Primeros hábitos y reacciones del bebé.
Primer mes de vida: la sensación y la acción se basan en las conductas reflejas, pero pronto empieza a mostrar otras parecidas.
Entre el primer y cuarto mes, el bebé, a partir de sus esquemas reflejos, empieza a coordinar los sentidos y a aumentar su control voluntario de conductas pudiendo manifestar hábitos (acciones que antes eran reflejas ahora se realizan sin el estímulo desencadenante) y reacciones circulares primarias, que son conductas repetitivas referidas al propio cuerpo (no a objetos). Por ejemplo: chuparse el dedo repetidamente. Se inicia el concepto de permanencia del objeto, es decir el conocimiento de que los objetos existen cuando no se perciben, pues se queda expectante en el punto donde desapareció.
Entre los 4 y los 8 meses se empieza a explorar el entorno manipulando objetos y descubriendo sus propiedades. A ello favorecen las reacciones circulares secundarias cuando, a partir de una experiencia casual, repite conductas con objetos para disfrutar de sus efectos. Por ejemplo: mover un sonajero. Otros avances: las acciones apenas tiene intención, pero comienza la imitación y se avanza la permanencia del objeto, pues ya lo busca donde desapareció.
Entre los 8 y 12 meses de edad el bebé coordina diferentes esquemas para experimentar con los objetos. Se logra por la coordinación de la visión, el tacto, la mano y el ojo, y ya está claramente presente la intencionalidad.
La permanencia del objeto que se amplia a objetos completamente ocultos, aunque con el error AB (buscar el objeto en el primer lugar donde se escondió -A-, pese a ver que, finalmente, se escondió en otro lugar -B-).
La novedad y curiosidad se da entre los 12 y los 18 meses. Las reacciones circulares terciarias consisten en experiencias que el niño repite conscientemente de distintas formas para conseguir un resultado que le pareció interesante. Por ejemplo: tirar un objeto al suelo de distintas formas para ver qué sucede en cada caso.
Su permanencia del objeto ya se mantiene cuando percibe las trayectorias, pero no cuando tendría que inferir los movimientos, así, si ocultamos un objeto debajo de un cojín y extraemos la mano sin el objeto, no lo buscará debajo.
La internalización de esquemas tiene lugar entre los 18 y 24 meses. En ella se desarrollan los primeros símbolos, palabras o imágenes sensoriales internalizadas que representan sucesos. Así puede pensar sobre ellos sin actuar con ellos o estar percibiéndolos. Estos símbolos permiten manipular o transformar los sucesos de manera sencilla.
La permanencia del objeto ya está completamente lograda.


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